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Septiembre 07, 2010, 08:43:30
La Pandilla
Rolcraft Capitulo III
Sucesos de Azeroth
[Azote] Invasión del Reino de Stormwind
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Tema: [Azote] Invasión del Reino de Stormwind (Leído 1806 veces)
Indilzar
Dios de Limbhad
Intelectual de Rolcraft
Reconocimiento: 9
Desconectado
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Mensajes: 425
Un loco siempre sera un loco...
[Azote] Invasión del Reino de Stormwind
«
:
Febrero 07, 2010, 06:21:15 »
// Hay demasiados temas, así que voi a aunarlo todo de una y eah... ire moviendo vuestros posts del evento del viernes a este tema los que ya estan escritos, los que no escribidlos aqui. Este ES el post oficial para evitarnos tener 4 posts abiertos como hay ahora mismo, cosa que no me agrada en absoluto porque triplica el trabajo tanto mio como de los que quieran unirse que no saben a donde mirar.... Utilizare este post para hacer un macro post rolero gigante de todo lo ocurrido, situacion hasta ahora, el evento.. etc..etc.... Para asuntos OFFROL como preguntas o quedar para una hora abrire en breve otro tema con el mismo nombre y un "[OT-Azote]" delante... ^^
En línea
Mia
Darion Mograine
Betatester
Erudito de Rolcraft
Reconocimiento: 13
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Mensajes: 815
Mindraep tiem!
[Azote] Invasión del Reino de Stormwind
«
Respuesta #1 :
Febrero 08, 2010, 06:34:34 »
Permanecía sentado en una roca en las afueras del campamento de la Cruzada. Aquel rincón privado del bosque donde el musgo marchito aún se aferraba a las piedras, incapaces de tolerar su aura tan fría y tan ácida, teñida de un profundo olor a sangre. Tras haber regresado de la misión, escoltando a la Caballero herida, se había recluido de los demás. Aunque su cuerpo muerto no hubiese sufrido grandes heridas, sentía como si cargase con el peso de mil puñaladas, su orgullo y temperamento le forzaban a sentirse… extraño.
Quizás algún vestigio de compasión y nobleza que los nigromantes no había logrado desgarrar cuando le alzaron como Caballero de la Muerte. Aquella distante memoria había resurgido desde lo más profundo de su alma congelada, despertada como una flor de frágiles pétalos, bajo la tibieza de un sol desdichado. El sacrificio de aquella mujer…
Por unos segundos, el fulgor azul que profanaba su mirada, se extinguió, cerrando sus ojos en paz.
-“¿Sucumbido?... Acaso no lo entiendes”- la voz de Renne esbozó unas palabras asomando entre sollozos. –“Era el sacrificio que demandaba… alguien tenía que hacerlo.”-
Su mirada se abrió, ampliamente fija en el rostro de la joven humana muerta, ya podía comprenderlo… tan claramente. –“..Como pudiste hacerlo por los demás… confiando en que nosotros saldríamos victoriosos.”- cada una de aquellas palabras le resultaban increíblemente costosas. Porque se sentía de tal manera cuando ya hacía tiempo se consideraba una criatura maligna pero libre de vasta consciencia del Rey Exánime?
-“Confío en vosotros”- su vos repitió… una vez mas.
La Hojaruna corrupta había sido apresada en un denso bloque de hielo ennegrecido que los Caballeros habían creado para evitar que algún idiota fuese seducido por sus susurros. Solo un paladín poseedor de un gran poder como Eadric el Puro podría tomarla y destruirla junto con la prisión helada.
O también lo contrario… podría el Exánime dueño de la hoja reclamarla… Pero ninguna de esas dos opciones era lo suficientemente deseada. De alguna forma, debían recuperar la Hojaruna de Renne.
Sus ojos de hielo volvieron a enfocarse en la pequeña capilla, dentro de ella aún se encontrarían los cruzados atendiendo las heridas y quizás replanteándose un nuevo plan de acción. A pesar de las fallas, su propia misión había sido exitosa… por lo menos, una parte de ella. Aún existía el verdadero enemigo quien comandaba las fuerzas del Azote, aún podía sentir su voz como un eco, amenazando su ya desmedrada cordura.
Desde que había llegado, aquellos susurros secos y espectrales invadían sus pensamientos con toda facilidad, invitándolo a perderse y saciar la sed de muerte que el Azote había grabado tan profundo en su mente. Cada uno de ellos era una prueba a la férrea voluntad que se recordaba a sí mismo, negándose a caer. Aún la sombra de la duda oscurecía toda convicción… por cuanto tiempo más podrían combatirlo.
Dejó su cabeza caer hacia atrás, perdiendo su mirada en el cielo perpetuamente gris de Duskwood. Había muchas cosas por hacer aún…
Ese nigromante de las catacumbas no era nada más que un esbirro menor del Exánime… aquellas criaturas que normalmente eran los principales comandantes del Rey.
También tenía un pequeño asunto pendiente con aquel joven humano de cabello castaño y cabeza cuadrada. Lo recordaba muy bien.
“Tendremos una pequeña charla… Dolphus.”- sonrió consigo mismo, casi saboreando la idea.
En línea
Nerof
Betatester
Filósofo de Rolcraft
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Mensajes: 1201
''Patético...'' - Vëaril Eler'niaril
[Azote] Invasión del Reino de Stormwind
«
Respuesta #2 :
Febrero 08, 2010, 06:55:08 »
Volvió a la capilla, mas no se acercó a Eadric y los otros cruzados supervivientes, que ahora se encontraban reunidos allí...celebrando la pequeña ''victoria'' que habían logrado. Arren permaneció en la tienda que habían asignado a los Caballeros de la Espada, especialmente consagrada por Renne para que la influencia de la luz no fuese tan insoportable en su interior.
Renne...
El elfo de ahora rostro descubierto, observó a sus dos compañeros. Miró a Iltharen a los ojos un momento, desviando rápidamente la mirada. Eran muy distintos y siempre chocarían, pero...al fin y al cabo, ambos eran caballeros, ambos habían sufrido. Miró a Renne y de nuevo, volvió a sentir el nudo en la garganta, la incomodidad y la inquietud...¿culpabilidad, quizá? ¿consciencia? Creía que todo aquello había desaparecido junto con su vida, pero...de alguna forma, aún residía en el interior de ellos, en un profundo letargo. Se miró las manos desnudas, esqueléticas y pálidas...ahora menos grisáceas de lo que habían estado semanas atrás, al volver a probar la vida por parte de su hojaruna, que dormitaba en su vaina satisfecha por el alimento que había recolectado aquella noche. Sí...se había alimentado bien, se sentía fuerte, capaz...más poderoso. Pero aún podía escuchar el susurro de la hojaruna a la que llamaba hermana, atormentándole en voz baja en lo más profundo de su cabeza, pidiendo más, reclamando más sangre, más ira, más odio, más venganza, insaciable.
Negó pausadamente, desviando la gélida mirada hacia la cabeza-trofeo ensartada en un palo. Esbozó una leve sonrisa, fantasmal.
Por una parte, habían cumplido con la misión. Todo había salido...''bien''. Sin embargo, no podía sentirse tranquilo y calmado, por alguna razón, la sensación de que todo aquello no era más que el comienzo no desaparecía.
La estrategia de maese Kauv'reth al parecer no había sido aprobada por Eadric, ''el puro''. Y ello dificultaba mucho las cosas, teniendo en cuenta que hasta el momento tan solo se nos había informado de las tácticas que el Quel'dorei de la Cruzada había trazado sobre el mapa. Tsk...complicaciones en el último momento, algo típico de los humanos y los vivos.
Los refuerzos de los bosques de Elwynn aparecieron más tarde de lo previsto, pero no importaba demasiado. Que llegasen antes o después, no cambiaría el curso de los sucesos que transcurrirían en aquella noche de luna oculta por la oscuridad de las copas de los árboles de los bosques del Ocaso.
Eadric dió las indicaciones pertinentes a los cruzados que irían con nosotros, antes de atender a los demás grupos. Las fuerzas de la Cruzada Argenta se dividirían en varios grupos, que tomarían un sendero distinto por todo el bosque; una táctica demasiado arriesgada en mi opinión.
La jerarquia estaba clara: seríamos dirigidos por el paladin Dolphus, cuya actuación hasta el momento creíamos que se limitaría a los bosques de Elwynn y nada más. Por otra parte, el enano Rothgar sería el encargado de ''controlar'' nuestros movimientos, lo que en otras palabras quería decir que sencillamente se encargaría de entorpecer nuestra actuación. Por último, servidor coordinaria los movimientos de los caballeros restantes, Iltharen y Renne.
El objetivo era la exploración del Oeste y la toma de la colina próxima a Cerro del Cuervo. Durante el camino a lomos de sus monturas se sucedieron contadas escaramuzas llevadas a cabo por ghoul desorganizados y poco útiles contra las runaespadas de los Caballeros de la Muerte, combinadas con las mazas y espadas de los Cruzados que si bien no tenían de su parte la fuerza sobrenatural de las espadas rúnicas, su luz era útil para espantar o paralizar a aquellos esbirros menores.
Arren indicó a Renne que se encargase del flanco izquierdo mediante una señal, tomando él la posición en el flanco opuesto para asegurar así que la compañía no volvía a ser sorprendida y nadie resultase herido. No parecía demasiado satisfecho con la actuación de los vivos, que parecían mostrar cierto temor, miedo...a la oscuridad y la muerte que les aguardaba a todos en aquella misión. Mas...¿los alcanzaría?
La poca sangre y los retazos de las almas que había absorbido su hojaruna tampoco le ayudaba demasiado a seguir adelante con un humor aceptable. Era amarga, débil y de poca calidad. Así eran los Ghouls, simples deshechos de las fuerzas del Azote, incluso los Necrófagos podían ser mucho más útiles que ellos.
Pasaron cerca de la cueva de los Ogros a los que evitaron avanzando en completo silencio, para después internarse en la oscura foresta. La bruma parecía hacerse más intensa por momentos, como más nos acercábamos al Oeste, más abundante era. Por otro lado, las gotas de una suave llovizna repiqueteaban sobre las armaduras de los caballeros. Arren observó y escuchó en silencio a la Cruzada que apareció en mitad de la niebla, informando de la situación de los demás grupos y el consejo de Eadric para con la siguiente actuación de su escuadrón, para luego marchar hacia el próximo grupo y poder transmitir los otros mensajes.
Ahora todas las miradas de los Cruzados se fijaron en el hombre que los dirigía, Dolphus. Los caballeros permanecieron inmóviles, pues Arren no parecía dispuesto a ejecutar orden alguna si el Cruzado a las órdenes de Eadric no se pronunciaba antes.
La paciencia comenzó a ser mermada desde aquellos minutos en los que no hicimos nada, aguardando a la decisión del hombre que podía calificarse de muchas formas, pero definitivamente no como un paladin de voluntad fuerte y decisión rápida. Nos mantuvimos en la espera durante mucho tiempo, abandonando a nuestras monturas porque supuestamente así, avanzaríamos mucho más seguros. No fue hasta que los hombres comenzaron a impacientarse que se decidió al fin la ofensiva sobre Cerro del Cuervo.
Siguiendo las palabras de Arren, el escuadrón rodeó el cementerio de Cerro del Cuervo, para realizar la ofensiva desde el norte donde la presencia de los no-muertos seria mucho más reducida y la posibilidad de defenderse era mayor, por el único flanco por el que podían aparecer los enemigos: el frente.
Fue así como se lanzaron contra las criaturas del Azote en mitad del cementerio, poco organizadas y al parecer no demasiado vigorosas. La hojaruna de Arren cortó rápidamente el aire cercenando la cabeza de un gran ghoul cuando todo desapareció a su alrededor y de la bruma apareció la figura que paralizó el cuerpo muerto del Caballero, atónito.
Allí estaba, el Exánime, frente a él. Su voz atronadora retumbó en la mente del Caballero que levantó su hojaruna hacia la imagen del Rey Lich, como si pudiese hacerle frente. Sin embargo, su voluntad no era tan fuerte para no vacilar ante la tentadora oferta, el poder...ser un campeón, una vez más. Un dios en comparación con los mortales con los que ahora se encontraba. Simple bazofia que no comprendía el verdadero poder, que los utilizaban...
Sin embargo, las palabras del Alto Señor Mograine también aparecieron, más débiles pero no por ello inaudibles. Volver a ser simples marionetas, dejar de ser libres...y ser traicionados como lo fueron en la batalla por la Capilla de las Tierras de la Peste. No, no volvería a caer en la misma trampa, no sería seducido de nuevo y sus recuerdos no volverían a desvanecerse como ceniza al aire.
Sí debo conseguir poder...si debo ser un semidios entre mortales, lo conseguiré con mis propias manos. Derramando mi sangre y la de los demás, por mis decisiones. No seré de nuevo un muñeco de trapo ligado a la mano de un Lich...
Y todo volvió a la normalidad una vez más. Con un gruñido, el Caballero de la Espada se lanzó contra otros Ghoul que se abalanzaban contra uno de los Cruzados.
La hojaruna se enterró en la yugular del hombre que parecía inconsciente, pero en pie, hasta el momento. Fue un movimiento limpio y la vida del hombre fue absorbida por completo por la hoja maldita que transmitió parte de su vitalidad al cuerpo de su señor, que entrecerró un poco los ojos al sentir el pulso del campesino desvanecerse, através de la espada. Arrancó la hoja limpiamente y observó la sangre oscura que la cubría, satisfecho.
Almenos, aquel hombre había sido útil para algo, pensó el Caballero mientras daba la espalda a todos los demás Cruzados que se acercaban al hombre atónitos, comprobando que ya no quedaba vida alguna en él, que ahora tan solo era un cascarón más...vacío.
La mujer se lanzó contra el caballero en un intento de vengarse de su esposo, mas fue retenida por la Sin'dorei que incrédula vio como la humana moría al instante, sin herida alguna.
No quedaba vida en ellos, no quedaba alma. Tan solo eran títeres que habían sido utilizados por los acólitos que ahora yacían sin vida sobre el suelo de las catacumbas. Tenían que seguir adelante.
Las botas del escuadrón resonaban sobre la piedra húmeda de las catacumbas que albergaban una gran energia en su interior. Qué o quien, aún era desconocido...pero todos lo habían sentido. Arren, había percibido la presencia de algún tipo de arcanista, seguramente la de un nigromante...también el causante de la desbordada energia oscura que alzaba una y otra vez a todos los no-muertos que se encontraban en la superficie y a los que se habían enfrentado antes de encontrar la entrada a las catacumbas.
Cada vez estaban más cerca...pero oponentes obstaculizaban su camino una y otra vez. El hechicero profano dio muerte al geist con su espada al ver que su hechizo profano no había sido suficiente para acabar con la ágil y escurridiza criatura que había ignorado todas las oraciones que los Cruzados habían realizado en su contra. Al cercenar su cabeza, el Caballero observó de reojo a los paladines con cierta desconfianza. ¿Tan inútil era la Luz que tanto predicaban...?
No había tiempo para averiguarlo. La primera de las dos puertas apareció y el primero de los sacrificios se sucedió. Escuché el grito de Kauv'reth y también el golpe seco de su caida al haber absorbido toda la energia que se había agitado dichosa en el brasero maldito que este había provocado. Una de las muchas retorcidas pruebas del Azote...
La puerta se abrió sin más y pudimos seguir con el avance, más uno de los paladines ahora estaba perturbado y quien sabe hasta que punto. Así intentaría el Azote dividir a los hombres que habían entrado en su dominio recién reclamado...
Arren observó frunciendo el ceño el gigantesco cuerpo de la abominación que los aguardaba dispuesta a acabar con ellos, en la sala posterior a la puerta que acababan de abrir tras una larga espera. Podía ser un oponente extremadamente fácil o por lo contrario un enemigo implacable que acabaría con todos ellos. Todo dependía del ingenio de sus movimientos...que fueron los adecuados.
Los Caballeros de la Espada habían combatido contra y con aquellas criaturas formadas por partes de muchas otras. Renne corrió rápidamente por el flanco izquierdo mientras que Arren se dirigió por el derecho, comprendiendo la táctica que su compañera había pensado rápidamente.
La capa de hielo que la Caballero creó para alcanzar uno de los pies de la abominación resultó efectivo y esta perdió ligeramente el equilibrio, centrando su atención a su atacante...a la que se unió Kauv'reth realizando un corte con su espada sobre el pie inestable por el resbaladizo suelo helado. Simultaneamente, la hojaruna de Arren cortó limpiamente el tendón posterior a la rodilla de la abominación, por el flanco derecho, haciendo que esta se derrumbase hacia atrás perdiendo el equilibrio, aparentemente indefensa y derrotada. Un hechizo de Iltharen se unió también al conjunto de ataques, pero la criatura no dejó de moverse hasta que Arren hubo atravesado uno de sus hojos con su espada, ensartando la cabeza por completo.
El tiempo ahora volvía a ser un enemigo y los paladines comenzaron a mostrarse indecisos ante el siguiente brasero que mantenía bloqueada la siguiente puerta. En esta ocasión era sangre y muerte lo que pedía...la sangre caliente de los vivos, que definitivamente no fue fácil de verter sobre el brasero para que la puerta se abriese de par en par. Fue tal la discusión, que fue suficiente para que la abominación volviese a moverse una vez más, gracias a la energia que provenía de lo más profundo de las catacumbas, oculto tras la puerta.
Al final, sin embargo, no fue necesario sacrificio completo alguno y cada uno de los Cruzados aportó parte de su sangre para abrir la puerta, que todos atravesaron para encarar al nigromante que los recibió muy seguro de sus posibilidades.
-
Bienvenidos a mi humilde morada...
-
Nigromante.. no es preciso... mas preambulo
-
anunció Iltharen, señalandolo
-
Puedes jugar con la moral de los cruzados, pero no con la nuestra.
Todos se fijaron en el monolito que había detrás del nigromante. Sin duda, aquella era la gran fuente de energia que todos habían sentido...lo que mantenía a todos los no-muertos, aparte de la propia fuerza del hechicero de la muerte que los esperaba. Arren pensó rápidamente en un movimiento a seguir...pero todo se sumió en el caos desde el momento en el que Renne se lanzó contra el nigromante, chocando con la barrera mágica vil que el mismo nigromante levantó al momento, confiado en su poder.
Justo al aparecer la barrera, también se cerró la puerta por la que habían entrado, visualizandose un gran glifo demoníaco que se había dibujado gracias a la sangre aportada por todos en el brasero anterior. Arren lo comprendió de inmediato al ver todo aquello...no era más que una trampa, el movimiento final del nigromante que supuestamente acabaría con todos sus oponentes. Observó de reojo como la enorme figura dle Infernal emergia del vacío abisal, levantandose y lanzando uno de los característicos alaridos ardientes que aquellas manifestaicones demoníacas hacían.
El astuto y macabro espectáculo de los braseros no solo había desmoralizado y confundido a los vivos, sino que tenía un fin premeditado: era parte del ritual preciso para concluir con una invocación demoníaca.
Los cruzado se giraron hacia él, dejando de prestar tanta atención al nigromante...al que ahora se enfrentaba Renne, que por sorpresa de los otros dos Caballeros, había conseguido atravesar la barrera, algo que la maldición profana de Arren no había logrado hacer, cuyo maná fue desviado por la barrera, perdiendose en el aire y seguramente siendo absorbido por el monolito-artefacto que se erigia imponente en mitad de la estancia.
La barrera parecía poder cortarse mediante algún arma mágica, como lo eran las hojarunas de los Caballeros. Sin embargo, las cosas no fueron como habían pensado. La espada de Renne penetró en el monolito de energia, absorbiendo la increible cantidad de energia que había sido almacenada en el artefacto maldito. Y con la espada, también su portadora fue transformada...dominada por la influencia del Azote, por el aura del Exánime, que los Caballeros percibieron al instante.
El nigromante se apartó disimuladamente, intentando huir en última instancia ahora que el enemigo de los Cruzados y también de los Caballeros de la Espada, era la propia Renne, que avanzó implacable contra ellos.
El suelo fue cubierto por una gruesa capa de escarcha que inmovilizó a Iltharen y Arren, entre otros Cruzados que se encontraban frente a la Caballero que ahora había caido bajo la influencia del Exánime, pero también mucho más poderosa. El poder, sin embargo, tenía un elevado precio: la voluntad.
Los dos Caballeros de la Espada restantes, no dudaron más que unos pocos segundos en ponerse de acuerdo. Tenían que reducir a Renne y separarla de la espada que ahora la dominaba por completo, aquella era la única salida.
-
Este es un asunto de la Espada de Ébano
-
advirtió Arren, mirando de reojo a Rothgar, que tras acabar con el huidizo nigromante estaba dispuesto a atacar también a la Caballero.
Tras estas palabras e ignorando la escarcha que lo mantenía inmóvil, el hechicero profano cerró los ojos y dejó caer su hojaruna sobre el hielo. Sus manos comenzaron a moverse rápidamente en el aire, realizando los pases arcanos y tejiendo el maná que rápidamente comenzó a arremolinarse a su alrededor. El hedor a muerte y putrefacción envolvió por tercera vez en aquella noche el cuerpo del Caballero, que conjuró para tejer el hechizo que acabaría con su oponente.
Había sido nombrado lider de aquellos dos Caballeros de la Espada por Eadric, el hombre al que debían responder, por órden del Alto Señor. Tenía una responsabilidad, un deber...que sin duda no dejaría atrás. Renne había caido en el yugo del Exánime, no podía permitirlo. Tampoco dejaría que la aberrante luz de los Cruzados la tocaran y mancillasen su alma desdichada, como la de todos los otros Caballeros del Bastión de Ébano. No...la tenía que recuperar, pagando el precio que fuese necesario. Solo así, podría concluir con su misión éxitosamente.
De pronto, una gran corriente de energia atravesó todo el cuerpo del hechicero, una gran cantidad de maná en bruto que Arren apenas pudo controlar y canalizar, lo suficiente para no acabar por completo con la que era una de sus compañeras. El hechizo terminó por tejerse increiblemente rápido y el fulgor jade iluminó toda la estancia, casi de forma cegadora. Los propios ojos gélidos del Caballero, por un momento tomaron el mismo color que la esencia corrupta profana, en un intenso verde oscuro, diferente al de los ojos Sin'dorei. Esta energia, si bien era corrupta al igual que la de los demonios, era muy distinta... muerte y putrefacción en estado puro, el propio paso del tiempo y la decadencia, la peste y la deterioridad.
El aura verdosa y putrefacta, la consciencia del propio hechicero, se extendió hacia Renne en forma de gruesos hilos que al entrar en contacto con sus brazos, comenzaron a corroer la carne muerta y también el hueso, deshaciéndolos rápidamente.
Y tal y como el torrente de maná apareció, se desvaneció. Los gritos de Renne también se desvanecieron, como lo habían hecho sus manos y brazos...cayendo de rodillas, separada de la espada maldita que ahora se encontraba en el suelo, sin dueño. Arren se llevó una mano a la cabeza al dejar de sentir la omnipotencia que por unos segundos, había pasado por su cuerpo. Una infinidad de posibilidades, de alterar la propia realidad a voluntad sin ningún tipo de limitación, habían pasado por su mente. Y aunque no era más que un alma maldita atrapada en un cuerpo muerto, aún tenía voluntad...y emociones, hasta el momento latentes, que poco a poco comenzaban a despertar.
El silencio gobernó durante unos segundos hasta que todos comprendieron lo que había acabado de ocurrir. Los cruzados marcharon rápidamente al sentir la tentadora voz de la espada maldita del Azote, la que antes había sido la hoja de Renne...que ahora se lamentaba en el suelo, intentando ser consolada por Iltharen. Arren observó la espada e intentó cubrirla con su propia capa para así poder transportarla sin llegar a tocarla, mas la capa se incendió y se transformó en cuestión de segundos en ceniza, el poder era demasiado grande...no podían transportarla ellos.
La misión había concluido, aparentemente de forma exitosa. Sin embargo, el coste había sido alto; Renne había perdido los brazos y por ello, ahora no podía combatir más. Se había sacrificado por la Espada de Ébano, pues al parecer había sido consciente del peligro que su acción con el monolito significaba. Arren observó, sin saber muy bien que decir...y llegó a la conclusión de que los tres habían actuado perfectamente, que habían enmendado aquella noche todos los errores que habían cometido en Campoquemado. Por ello, estaba seguro de que en Entrañas o en Acherus, Renne podría recuperar sus extremidades perdidas.
Antes de marchar, fue trazado un círculo de profano alrededor de la espada maldita que no dejaba de susurrar en las mentes de los Caballeros, tentándolos a tomarla y saborear su enorme poder. Las runas fueron dibujados através de la afilada punta de la runaespada de Arren, que estaba levemente envuelta por un aura verdosa. Si la mano de un devoto de la Luz cuya fe no era suficientemente férrea se acercaba a la espada, esta sería corroida. Y lo mismo ocurriría con cualquier otra criatura, viva o muerta.
Solo Eadric...o algún Alto Caballero, podría aceder a la espada maldita, que sin duda, contenía mucho poder.
Horas después, cuando llegaron a la Capilla, la cabeza del nigromante arrancada del resto del cuerpo, estaba empalada sobre un palo cercano a la tienda de los Caballeros de la Espada. Un trofeo digno de ver, a ojos de Arren.
Fuente
: Papyrus - Para los que no vean bien el post -
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Vosotros nos prometísteis, cuando os entregamos el mundo, que recordaríais vuestros votos. Prometísteis dejar nuestros lugares sagrados intactos, dejar sacrificios para nosotros, recordarnos en vuestras canciones. Prometísteis que cuando la Guerra de las Estaciones acabase, podríais quedaros al margen por nosotros, los verdaderos amos del mundo. Mentísteis.
Fr3d1
Guardián de la Tempestad
Betatester
Filósofo de Rolcraft
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/dance
Re: [Azote] Invasión del Reino de Stormwind
«
Respuesta #3 :
Febrero 09, 2010, 10:30:28 »
El sonido de los cascos de los caballos contra la piedra, salpicada aquí y allá por brotes de hierba, era lo único que se escuchaba en el Bosque de Elwynn. Los soldados y voluntarios se dirigían al oeste, hacia los Páramos de Poniente por orden del Rey. El Azote amenazaba la estabilidad del Reino y era necesario frenarlo.
Samuel estaba molesto. Molesto por haber sido dejado en ridículo frente a sus hombres por el Rey. Molesto por haber sido objetivo de una estratagema vil que los mantuvo ocupados. Molesto por no poder tener una excusa. Pero debía de alejar esos pensamientos y centrarse en la batalla que tenían delante. Probablemente serían cientos de No Muertos a quienes se enfrentaban, y no eran un enemigo sencillo de combatir.
- Recordad que luchamos contra el Rey Exánime, Arthas el Traidor. Aplastad a vuestros enemigos, y rematadlos en el suelo. No hagáis prisioneros… porque no recibiréis tal honor.
Los soldados estaban inquietos, pero ver a su Teniente aparentemente tranquilo les calmaba. Era un hombre curtido, sus posibilidades de sobrevivir aumentaban ligeramente si era él quien iba al frente. Pero pronto esa leve paz se turbó. Sombras, susurros y murmullos se arremolinaban a su alrededor ocultas en el bosque. La aldea de Villa Oeste, última población antes de Páramos, se alzaba ante ellos, ofreciéndoles algo de paz.
Pero pronto se dieron cuenta de que nada iba bien. Los soldados vagaban sin rumbo, torpes y lentos. Los pocos ciudadanos que había fuera se ocultaban en sus casas, y las cerraban a cal y canto. El Fuerte de Arroyoeste, objetivo estratégico esencial del Reino, se alzaba imponente proyectando su sombra contra la población, siniestra y sombría. Samuel desmontó, y desenvainando el Filo del León, regalo de los parameños, avanzó hacia el Cuartel.
- Atentos todos, preparaos
– dijo el Cabo Gronik
No tardó uno de esos erráticos soldados en pararse frente a él, con la mirada ausente asomando en la visera del casco.
- ¿Qué ocurre aquí, soldado? Dame una explicación
– dijo Samuel
El soldado ladeó el rostro, y con la mirada perdida, respondió.
- Soldado. Explicación.
Dando un paso atrás, Samuel comprendió lo sucedido. Dio la voz de alarma, e inmediatamente decenas de soldados, corrompidos por el poder sombrío del Azote, salieron de cada rincón, y de cada callejón, enarbolando sus armas como buenamente podían, contra los bien preparados Leones de Ventormenta. A la señal de Vyncent, explorador del Ejército, una oleada de flechas volaron hacia Samuel, atravesando limpiamente a los soldados que cargaban contra él. Pronto los Leones avanzaron, derramando la sangre de cada enemigo que se alzaba contra ellos. Samuel, furioso por tener que luchar contra los suyos, golpeaba con el plano de la espada y con el escudo, incapaz de asesinar a seres humanos inocentes.
La batalla pronto quedó dividida en dos grupos. Mientras el grueso de las fuerzas se enfrentaba a los soldados hechizados, Samuel, Gez, Vyncent, Asdrúbal, Thordlin y un grupo surtido de Leones avanzaron cautelosamente hacia el interior del Fuerte, con la intención de aniquilar toda presencia enemiga. Ésta no se hizo esperar, y pronto oleadas y oleadas de No Muertos surgieron de la fortaleza para devorar a los Héroes. Espadas y flechas danzaron como la guadaña en el trigal, arrasando las tropas enemigas e internándose cada vez más en Arroyoeste. Los zombies, esqueletos y ghouls parecían no tener fin, y pronto comprendieron que realmente se enfrentaban al Azote. Nadie en este mundo sería capaz de manejar unas fuerzas así.
Pero pese a la superioridad numérica del enemigo, los Leones avanzaban sin cuartel, recibiendo no más que algunas heridas superficiales. Las garras y colmillos putrefactos no eran nada contra el hierro y el acero templado de sus armas y armaduras. No tardaron, no sin esfuerzo, en llegar a la sala de Mando, dejando tras de sí sangre, entrañas y vísceras extendidas cual alfombra por todo el suelo.
- Bien, recordad que quiero que decapitéis a cada cadáver que veáis en el suelo. No os confiéis, no dudéis. Prefiero que me tachen de cruel a perder a uno de mis hombres por un descuido
– dijo Samuel, mientras revisaba los papeles en busca de algún informe sobre el enemigo
Eso era lo peor, la espera. Recuperar el aliento mientras pensabas qué paso sería el siguiente. Quienquiera que fuera el causante, no se encontraba en lo más alto, y Samuel pronto comprendió que se habían equivocado de camino. Pero ya no hacía falta preocuparse, pues pronto comenzaron a surgir aullidos y gemidos procediendo de las escaleras laterales. El enemigo se había reagrupado, y ahora tocaba atrincherarse y resistir el ataque.
- ¡Arqueros, a cubierto tras de mí. Leones, formación de muralla. No dejemos que trepen!
– dijo Samuel, situándose al fondo de la sala.
El enemigo no tardó en hacer aparición, y de qué manera. Corriendo como ratas asustadas, decenas de no muertos, corrompidos y emanando energía sombría, se abalanzaron desde las dos puertas laterales contra los soldados, mientras los chasquidos de las cuerdas de los arcos sonaban casi al unísono. No tenían tiempo para perderlo, tenían que llegar a Páramos de Poniente y estaban perdiendo cada segundo que pasaban en el fuerte. Samuel invocó el poder de la Luz, y lo usó para barrer esqueletos y zombies como la brisa mueve las hojas, abrasándolos y reduciéndolos a cenizas. Sus Leones, envalentonados por su Teniente, lucharon con renovadas fuerzas, aniquilando a los enemigos.
El suelo quedó alfombrado con los cadáveres de amigos y enemigos por igual, así que era hora de tomar la iniciativa.
- Los que no puedan seguir, descansad, los demás, ¡seguidme!
– dijo Samuel, alzando la espada y lanzándose escaleras abajo, en dirección al sótano.
Los enemigos corrían hacia ellos, desesperados por frenar su avance, y Samuel comprendió que iban por buen camino. Abrió de una patada la desvencijada puerta que daba al sótano, y bajó junto a unos pocos hombres, mientras el resto protegían la planta baja. La temperatura era terriblemente baja allí, obviamente por razones no naturales. El vaho que emanaba de sus bocas les daba una apariencia fantasmagórica, y no tardaron en percibir un hedor inaguantable, que provocó algún que otro vómito. Pero no habían errado el tiro.
En torno a un pedestal, y rodeados de litros de sangre, vísceras y trozos de cadáveres, tres hechiceros de negras túnicas entonaban un siniestro salmo. Uno de ellos se giró y sonrió, y con un giro de muñeca envió una oleada de energía sombría contra ellos, derribándolos.
- ¡Vamos Leones!
– gritó Samuel, levantándose aturdido, y lanzándose contra el hechicero, abriéndose paso a empujones contra los esqueletos que se alzaban para detenerlo.
Pero éste estaba bien preparado, y sonrió lascivamente cuando Samuel saltó, y el León de Acero pronto comprendió por qué. Una sinuosa garra surgió del techo, y éste pudo bloquearla en el último instante con el escudo, haciéndole caer y rodar hasta una mesa llena de cráneos. Esos malditos nigromantes habían cosido extremidades a los techos, dándoles la apariencia de grotescos candelabros. Los soldados saltaron con un valiente rugido contra los esqueletos que comenzaban a surgir de cada rincón, y los arqueros los derribaban a distancia, intentando abatir a los hechiceros. Pero no había tiempo que perder, los Nigromantes comenzaron a entonar otro canto, y Samuel no iba a permitir que terminaran de lanzar el hechizo. Canalizó el poder de la Luz en la espada, tal y como había aprendido en la Abadía de Villanorte, y pronto se cubrió de un blanco fulgor. Los hechiceros, alertados, le señalaron alarmados.
- ¡La Luz! ¡Acabad con la Luz!
Pronto todos los esqueletos dejaron de acosar a los soldados y avanzaron hacia Samuel sedientos de sangre. Derribó cinco, diez esqueletos con cada golpe de mandoble, pero eran demasiados, y pronto quedó reducido, aplastado por el peso de las decenas de cadáveres que le acosaban.
- ¡Señor!
– gritó el Cabo Gronik, saltando desde la escalera, espada en mano, seguido por varios Leones -
¡Vamos, muchachos!
Un quejido ahogado alertó a los nigromantes, y aterrados vieron cómo uno de sus compañeros se ahogaba en su propia sangre mientras la flecha de Asdrúbal, el silencioso arquero voluntario, le atravesaba la garganta. Cayó entre gorgoteos, dando a los héroes una oportunidad para abrirse paso hasta Samuel, que ya se alzaba con dificultades intentando quitarse de encima los cadáveres putrefactos. Las flechas volaban sin cesar, y los hechiceros canalizaban sombríos poderes que derribaban a los blindados soldados y a los certeros arqueros.
De repente, el Cabo Gronik vio algo inusual bajo una escalera. Un caldero que emanaba un sombrío poder.
- ¡Asdrúbal, ayúdame a volcarlo!
– dijo mientras lo cogía de una de las oscuras asas de hierro
- ¡No!
– gritó uno de los hechiceros -
¡No tocaréis el caldero de la plaga!
– y diciendo esto, invocó una esfera de sombras en la palma de su mano, y la lanzó contra Asdrúbal, haciendo que éste impactara con el caldero, volcándolo.
Al instante, el icor verdoso que contenía empezó a manar, y pilló de sorpresa a la única hechicera del grupo, envolviéndola en sus sombrías energías, descomponiéndola, y finalmente, haciéndola desaparecer con un gemido.
- ¡Malditos patanes! ¡Os mataré!
– el último de los hechiceros estaba desbocado, y lanzaba energías oscuras como proyectiles a todo lo que se movían, derribando enemigos y amigos por igual.
El contenido del caldero seguía extendiéndose, mezclándose con un gorgoteo con la sangre que decoraba el suelo.
- ¡Vamos, salid de aquí!
– ordenó Samuel -
¡No dejéis que esa sustancia os toque!
Los esqueletos, debilitados ante la caída de dos de sus señores, no eran más que un mero estorbo para los guerreros, que se abrían paso como podían, mientras esquivaban los ataques del enloquecido nigromante. A punto de llegar a las escaleras, Samuel vio cómo Asdrúbal y el Cabo Gronik caían, tras haber sido lanzados violentamente contra la pared por un hechizo. Empujando a los soldados hacia las escaleras, Samuel volvió a por ellos, y con una sonrisa comprobó como Vyncent, el explorador, no iba a permitir que cargara él con todo el peso. Juntos, los ayudaron a subir las escaleras, mientras las últimas palabras del hechicero tomaban forma de maldición, y finalmente, desaparecía.
Recuperando el aliento en la plana baja, vieron cómo los esqueletos restantes se desmoronaban en el suelo, tras mitigarse el poder que los mantenía en pie. Unos minutos de paz era lo que necesitaban para recuperar fuerzas y reagruparse. Minutos que no tendrían.
Pronto una tenebrosa voz habló a Samuel en lo más profundo de su ser, y al mirar a sus compañeros, comprobó que no era al único al que le sucedía. Se vio transportado a una llanura helada infinita, y ante él, cientos, miles de no muertos le esperaban, criaturas sin forma volaban en círculos sobre ellos, y al instante, una espectral forma se materializó ante él. Era un Lich. El Lich que les atormentaba desde hacía unos días, y que se había infiltrado en Ventormenta.
- Escuchad mi Voz, patéticos mortales. Estáis en mi tierra, en mi dominio. Escuchadme, veis mis legiones… No podéis ganar a la Muerte. No podéis derrotar al Rey de Reyes, aquel que domina a la Muerte. La Luz es engaño. La Luz no da milagros. Nosotros traemos a los muertos a la vida. Nosotros damos la inmortalidad y el verdadero Poder. Estáis en las tierras heladas del Rey… Es hora de que deis juramento. Dadle felicidad al Exánime, y vuestras vidas serán perdonadas.
Al instante, y sin dudar, las voces de sus compañeros de unieron a la de Samuel, rechazando su poder y plantándole cara. La espada de Samuel refulgía de poder Luminoso, mostrando siniestras sombras en el rostro de los soldados, y eso les llenaba de coraje. La voz no tardó en contraatacar.
- ¡Escuchad mi voz! La muerte os espera, vuestra sangre ya me alimenta… ¿Por qué postergar vuestro sufrimiento? Observad a mis huestes, no sufren, no sienten daño… Eternos, inmortales al paso del tiempo. Os lo ofrezco todo, a cambio de servidumbre al Gran Señor. Observad vuestro débil mundo, ruinoso y traicionero. Aquel que llamáis Rey busca vuestra muerte. Os ha enviado a morir. ¡Sólo desea vuestra perdición!
Algunos soldados comenzaron a dudar ante sus palabras, pero una nueva amenaza captó su atención. Gemidos y quejidos en el exterior del Cuartel les instaron a salir a investigar, mientras la constante voz del Lich resonaba en sus cabezas. El espectáculo era dantesco: aquí y allá, soldados y aldeanos gritaban mientras se tapaban los oídos en un vano intento por hacer desaparecer la voz de sus mentes. Los ensangrentados guerreros salieron del fuerte y observaron la escena, intentando calmar a los afectados. Una voz llamó su atención:
- ¡Escuchadme, hermanos! ¡Corred por vuestras vidas! ¡Nada ni nadie puede hacer frente a este poder!
Samuel, enfurecido, mandó a sus hombres a contener al alborotador, y cuando éste fue reducido, vio cómo los aldeanos se rebelaban, intentando linchar a los soldados.
- ¡Herejes!
– gritaban -
¡Habéis intentado asesinar al Padre Olivetti!
- Mierda
– pensó el León de Acero –
menuda metedura de pata, Sam
Cogiendo la antorcha del inconsciente predicador, se subió a una mesa, y se dirigió al pueblo, lo suficientemente alto como para que escucharan su voz por encima de la fatalista propaganda del Lich.
- ¡Escuchadme, hermanos y hermanas! Hemos venido aquí para ayudaros. ¡Hemos venido a combatir a vuestro lado! Disculpad lo sucedido al sacerdote, ha sido un tremendo error, error que solucionaré ahora mismo
– dijo, bajando de la mesa –
pero os necesitamos, hermanos y hermanas. El enemigo es fuerte, vosotros mismos estáis comprobando hasta qué punto es taimado y traidor
- dijo señalándose la cabeza, hasta que llegó al sacerdote, y le puso la mano encima –
No somos herejes.
Una tenue luz emanó de la palma de la mano de Samuel, y pronto el sacerdote recobró el conocimiento, y retrocedió aterrorizado.
- Disculpe, padre, ha sido todo un tremendo error.
Continuaron charlando, mientras Samuel intentaba convencerlos de que prestasen su ayuda y de que no les linchasen por herejes. Su fama y renombre sirvieron de algo, puesto que muchos le habían visto en los Torneos, o habían leído sobre él. Mientras tanto, siguiendo sus órdenes, los soldados se reagruparon y formaron un pequeño campamento para recuperar fuerzas y tratar heridas.
- Seríais de mucha ayuda, Padre. Mis hombres están gravemente heridos.
Con el ceño fruncido, el sacerdote finalmente aceptó a regañadientes. Su deber como creyente importaba más que sus temores, y Samuel organizó a sus hombres por gravedad para tratar sus heridas. Pasaron las horas, y tras dejar a los gravemente heridos en Villa Oeste y avisar a Ventormenta de lo sucedido, dejaron las monturas y partieron a pie hacia la linde del bosque. La voz del Lich no cesó en ningún momento de atormentarlos, y algunos soldados y aldeanos tuvieron que ser atados para no volverse locos.
El verde paisaje de Elwynn pronto dio paso a los eriales de Páramos de Poniente. Frente a ellos, el Puente del Oeste, que permitía cruzar el río Elwynn de camino al oeste. Allí, grande como una montaña, se alzaba una figura sombría, flanqueada por decenas de no muertos tambaleándose. Tomando el Filo del León con fuerza y canalizando el poder de la Luz, Samuel habló a sus soldados.
- No tenemos tiempo que perder, muchachos. Yo me encargaré del grandote, y vosotros aniquilad a esa escoria, Cuando acabéis con ellos, ayudadme a terminar el trabajo.
Y diciendo esto, dio un paso adelante, y con un rugido de rabia, lanzó una oleada de pura energía luminosa contra el gigantesco esqueleto que les hacía frente, portando una enorme y sombría espada. Como una flecha, la oleada de energía recorrió en apenas un pestañeo la distancia que los separaba, pero el Campeón no Muerto giró su espada y golpeó la descarga luminosa, dividiéndola y arrasando a los zombies que le flanqueaban.
- ¿Crees que será tan fácil, mortal?
– dijo, riendo con su gutural voz
Samuel corrió hacia él enarbolando el Filo del León y el Defensor del Reino, su espada y escudo, mientras flechas certeras volaban hacia los secuaces del Campeón. La batalla prometía ser gloriosa, y así fue. Poderosos golpes de cada uno hacían temblar la estructura, y parecía que no iba a tener fin, hasta que Samuel esquivó una de las embestidas del Campeón y cercenó de un solo tajo ambos pies, haciéndole caer. Cuando iba a darle el golpe de gracias, mientras sus soldados combatían a oleadas de enemigos que se levantaban cada vez que caían, el Campeón derribó a Samuel con el plano de la espada, haciéndole rodar.
- ¡Eres mío, mortal!
– dijo el Campeón, alzando su espada.
Pero justo cuando iba a caer, Samuel escuchó dos chasquidos, y al instante, la mano que sostenía la espada estalló en pedazos, así como la calavera del guerrero, mostrando un brillo rojizo en su interior. Miro asombrado, y vio a Vyncent y Asdrúbal, que habían sido alertados por Gez, sonriendo orgullosos de tal hazaña. El cabo corría hacia Samuel con intención de ayudarle, pero frenó en seco al ver que el enemigo caía. El júbilo inundó los corazones de los guerreros, júbilo que se disipó al momento. Desvaneciéndose como la bruma, el Campeón desapareció y apareció de nuevo al comienzo del Puente del Oeste, intacto.
- ¡Mi Rey me hace invulnerable!
– dijo, arremetiendo contra Samuel
Con un rugido, Samuel empuñó el Filo del León, y saltó contra el Campeón, adelantándose a sus movimientos, y haciendo estallar su cráneo nuevamente de un solo golpe. Ambos, Gez y Samuel, pudieron observar una brillante joya roja en su interior, momentos antes de que volviera a desvanecerse y recomponerse.
- ¡Gez, la joya! ¡Acabad con ella cuando vuelva a caer!
– dijo Samuel, sin percatarse de que el Campeón corría a grandes zancadas en su dirección.
Fue visto y no visto. El mandoble del Campeón voló e impactó en el abdomen de Samuel, haciéndole volar por los aires y cayendo pesadamente en el puente con un repiqueteo del metal de su armadura.
- ¡Señor!
– gritó Gez, y furioso, se lanzó contra el esqueleto presa de la ira, lanzando golpes fuertes e imprecisos
El esqueleto no podía contener las rápidas embestidas de Gez, así que lo golpeó con el pomo de la espada, y giró su muñeca para decapitar al soldado. Pero este se agachó en el último instante, y el golpe, cargado de energía sombría, impactó contra el techo del puente, haciéndolo tambalearse.
El estruendo fue ensordecedor. Mientras retiraban a Samuel como podían del alcance de los escombros, los soldados observaron cómo el esqueleto era sepultado por trozos gigantescos de piedra y mármol. Lo único que quedó visible fue la hoja de su negra espada, alzándose como un brote tierno entre las rocas y el polvo.
- Demonios chicos, ¿qué ha habéis hecho?
– dijo Samuel, aún aturdido, y levantándose con dificultad. Sacudiendo la cabeza, alzó la mano y sonrió –
es igual, lo importante es que le habéis detenido.
Se tomaron unos minutos para relajarse y curar las heridas, mientras la voz del Lich no cesaba de repiquetear en sus cabezas, con promesas de Poder e Inmortalidad. Pero a su contante molestia se unió el susurro de la Espada Negra. Ésta buscaba un nuevo dueño, y como una serpiente, se introducía en los pensamientos de los soldados. Samuel quedó serio, y los miró. La mayoría eran jóvenes que no habían conocido mujer. Otros, quizás con el alma demasiado frágil como para intentar dominar el poder de la espada. No podía permitir que cayera en manos de alguien débil.
- Cabo, trae al Padre Olivetti.
Minutos después, el sacerdote acudió y Samuel estuvo discutiendo con él. Los soldados observaron curiosos cómo el Teniente intentaba convencerlo de algo, a lo que él se negaba categóricamente.
- Es una insensatez, Teniente. Deberíais custodiarla, y dejar que otro la purificase.
- No hay tiempo, Padre. Si alguien tiene que sacrificarse, seré yo
– alzó el rostro –
Cabo, venid. Padre, curadme las heridas.
Cogió a Gez del hombro y le susurró al oído.
- Quiero que me hagas un favor, si ves que me convierto en alguien que no soy yo, matadme.
- Pero mi señor, yo…
- Cabo… Gez, hazme ese favor, ¿vale? No podría soportar convertirme en… eso. Vamos, organiza a los hombres.
A regañadientes, el Cabo Gez Gronik reunió a los hombres y les explicó la situación. Mientras tanto, el sacerdote terminó de curar sus heridas, y Samuel comenzó a trepar por los escombros, con destino la Espada Negra. Cuando llegó a ella, torció el gesto y la observó. Emanaba poder sombrío, y no estaba seguro de poder vencerla… pero había que intentarlo. Concentró todas sus fuerzas, cerró los ojos mientras murmuraba una plegaria…
Y tocó la espada.
En cuanto lo hizo, el mundo se detuvo a su alrededor. El frío congeló su mente y su cuerpo, y se vio transportado a otro lugar, a otro tiempo quizás. Una catedral sombría e imponente apareció ante él, y fue llevado por manos invisibles ante el altar, que se alzaba tenebroso con una esfera roja como la sangre, que palpitaba en lo más alto. Ante él, apareció el Lich, que portaba la Espada Negra.
- Samuel. Te has presentado ante el Señor de la Muerte y le has ofrecido tus servicios. La Muerte escoge a sus Campeones, y esta espada es símbolo de tal.
- Te equivocas, Wulgreth
– interrumpió Samuel –
Vengo a destruir el corazón de la espada… y a ti con ella. No quiero tus dones ni tu inmortalidad.
- ¿Destruir?
– respondió con su cavernosa voz –
Iluso inmortal, ¿te crees superior a los tuyos? Los humanos siempre habéis sido fácilmente tentados por el poder…
- No soy más fuerte que nadie por mí mismo, abominación. Lucho por mi familia, mis amigos, por mi Reino. Esa es mi fuerza. Y por toda esa gente, se que venceré.
- ¡El reino está muerto!
– gritó el Lich –
Tu familia morirá en tus manos, porque ahora tu alma me pertenece. Porque has dado tu alma a la espada, como ya hizo el caballero que la portó antes que tú, hace cuarenta años, y el anterior a él, cuando la primera Espada de la Perfidia fue forjada por almas humanas.
- No me importa de quién fuera la espada, Lich… sé a qué vengo, y lo voy a hacer
– dijo, dando un paso hacia delante.
Con suma lentitud, el Lich extendió un dedo y con él atravesó el hombro de Samuel, que observó aterrorizado cómo entraba limpiamente, sin que él pudiera hacer nada. Con un quejido de dolor, detuvo su avance.
- Aún no lo entiendes, ¿verdad?
– dijo, señalando al techo.
Samuel, con el rostro perlado de sudor, alzó la mirada y leyó las runas que estaban grabadas en la fría piedra del techo.
“Aquel que lee estas palabras ha dejado atrás la vida , pues al observar el Orbe de la Vida Eterna, brinda su arma al servicio del Exánime. Te saludo, Caballero Oscuro”
- Pues estás muy equivocado, bicho. No tengo intención de servir a nadie más que al Rey que sirvo ahora, y a mis propios ideales
– dijo, orgulloso
- Intención
– respondió el Lich, poniendo su mano sobre el Orbe, que comenzó a brillar con fuerza –
Eso significa decisión. Nosotros no queremos decisión, Samuel, ¡queremos servidumbre!
Como respuesta a las palabras del hechicero, del orbe comenzaron a surgir cientos de imágenes. Samuel empuñando la espada, asesinando a sangre fría a Allison, a Triskiel, a Thomas. Recorriendo el Castillo de Ventormenta hasta encontrar a Varian, y asesinándolo como Arthas mató a su padre. Samuel cayó de rodillas, extenuado.
- Sus recuerdos morirán, Samuel. Tu nombre será borrado del mundo, porque será consumido por el Exánime.
- Forjamos nuestro propio destino, Wulgreth, por eso somos fuertes. ¿Para qué quiero gloria? Ya tengo lo que siempre quise. El descanso eterno de mis padres, y recuperar mi apellido. No tienes nada que quiera, ni me tendrás a mí.
- Nada es Eterno, Samuel, Sólo la Muerte. Sólo el Rey Exánime.
- Esto se ha acabado, Wulgreth
– dijo, alzando la mano e intentando destruir el orbe con el poder de la Luz. Al instante, el Lich chasqueó los dedos, y la mano de Samuel ardió y se volvió negra. Volvió a intentarlo, y la otra mano le sucedió igual.
- ¿Ese es todo el poder de la Luz? ¡Observa el auténtico poder!
– dijo, mientras centenas de cadáveres se alzaban en el suelo de la catedral. Con un movimiento de muñeca, pulverizó a varias decenas, y dirigió sus titilantes almas hasta su boca –
Delicioso… ahora es tu turno, Samuel Strongshield.
Las fuerzas de Samuel se agotaban, y vio con el rostro enfurecido que no era rival para el Lich. Sonrió tristemente, y alzó el rostro.
- Bien, Wulgreth. Si esto tiene que acabar… prefiero que sea a mi manera.
Y diciendo esto, sacó un puñal de su bota, y se atravesó el pecho con un quejido. Pronto la sangre comenzó a manar a borbotones.
- Ah… te has apuñalado. ¿Quieres saber una cosa?
– dijo, acercándose a él y mirándole a los ojos –
Aquí no mueres. Derramarás tu sangre y luego, sólo queda el dolor.
Extendiendo la mano, Wulgreth atravesó el pecho de Samuel, y lo alzó el aire, mirándolo distraído. Lo lanzó al suelo, haciéndolo rebotar, mientras el León de Acero sentía cómo perdía la consciencia y la volvía a recuperar una y otra vez debido al dolor. Wulgrethle perforó y curó una y otra vez, mientras le miraba con gesto impávido. Le destripaba, y luego volvía a recomponerle.
- Tengo todo el tiempo del mundo, Samuel. Parece que llevamos meses, pero en tu mundo sólo ha pasado un segundo… Helaré tu alma y olvidarás a tus seres queridos. Sólo escucharás mi Voz.
Samuel, agonizando, intentaba aferrarse a los recuerdos de Thomas, de Allison, de sus amigos y compañeros, para no caer en la locura. Pero cada vez era más y más difícil. El Lich volvió a atravesarle el pecho, y lo lanzó lejos. Samuel voló. Voló durante una eternidad mientras se desangraba, hasta que cayó de nuevo como un juguete roto, desparramando su sangre por doquier, en el mismo punto en que fue lanzado.
Luego… oscuridad, y unas manos que le agarraban con fuerza.
¿Serían los demonios que venían por él?
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Samuel Strongshield - Periplo de una Leyenda
Fr3d1
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Re: [Azote] Invasión del Reino de Stormwind
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Respuesta #4 :
Febrero 09, 2010, 01:37:12 »
Pasan los meses, aunque no sabría distinguir cuántos. Lo único que conozco es la fría piedra de la Catedral Negra, y la voz de Wulgrath.
Ese maldito Lich no me deja descansar. Ha creado para mí las más pavorosas torturas que alguien habría sido capaz de imaginar. Cada rincón de mi cuerpo ha sido quemado, seccionado y vuelto a recomponer con magia Sombría. ¿Qué habrá sido de los demás?
Thomas, Allison, Triskiel... todo ellos se preguntarán dónde estoy. ¿Acaso importa? Este desgraciado no me deja ni siquiera caer desmayado. Cuando creo que voy a perder la conciencia, y por fin voy a tener algo de paz, incrusta en mi mente sus dedos afilados como dagas, y vuelvo en mí.
Ya conozco de memoria el sonido de mi sangre salpicando el suelo. He llegado a ver mis vísceras colgando y sigo vivo.
¿Vivo? Quizás el hecho de estar aqui significa que hace tiempo que he muerto, y ahora no soy más que un espectro que será torturado hasta el fin de los tiempos.
A veces tengo sueños. Sueños en los que paseo por Elwynn, y mis soldados me rodean. Intentan sujetarme, pero no pueden tocarme. Y veo luz... luz a mi alrededor, que se desvanece como la niebla.
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Última modificación: Febrero 09, 2010, 01:39:02 por Fr3d1
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Samuel Strongshield - Periplo de una Leyenda
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Re: [Azote] Invasión del Reino de Stormwind
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Respuesta #5 :
Febrero 09, 2010, 05:39:22 »
Se plantaron ante la espada clavada en la roca, Gez, Asdrúbal y Jason, la llamada del poder y la inmortalidad era tentadora, pero Jason tenia suficiente voluntad para ignorar la llamada... agarro a Gez que se acercaba a la Espada y lo echo hacia atras, pero Asdrubal seguia avanzando a por la Espada, tentado por su llamada... esquivando agilmente los ataques de Jason, agarro la espada, Jason intento cortarle el brazo, pero la su espada quebro en mil pedazos y fue lanzado hacia atras.
Llamados a los hombres a formar cargaron sus rifles apuntando a Asdrúbal, que, comenzo a crecer y a deformarse, los hombres impotentes tardaron en disparar, tanto que la criatura en la que se habia convertido Asdrúbal mato a unos cuantos de ellos, los disparos comenzaron y la criatura no parecia inmutarse, algunos soldados huyeron, otros se quedaron a luchar junto a su Sargento, Gez, huyo el primero, corriendo cual cobarde, Jason clavo su mirada en el mientras este huia, bufo y dirigio su mirada a la bestia, que corria hacia el, rodo a un lado, esquivando la embestida, aprovechando su posicion, lanzo una estocada al vientre de la bestia, pero esta lo esquivo, parecia conservar la agilidad de Asdrúbal, la criatura volvio a lanzar un ataque con su enormes manos a Jason, pero este volvio a esquivarlo, rapidamente Jason salto al pecho de la bestia, clavandole su espada, pero una ola de energia oscura le lanzo lejos.
La criatura comenzo a realizar un ritual, y los soldados caidos comenzaron a renacer como ghouls y se empezo una batalla, Jason se levanto, su brazo izquierdo estaba inmovil por culpa de la maldicion que habia caido sobre el cuando Melegaunt clavo la Frostmourne en Jason, su brazo actuaba como un sensor de magia, cuando le dolia, la magia estaba presente. Esta vez, tenia el brazo inmovil, la magia era enorme, sin duda le habia dado poder esa espada, pero por algun motivo, no podia desclavarla.
Jason se lanzo de nuevo contra la criatura, pero antes de llegar a tocarla, los propios soldados de Jason le dispararon, atravesandole de hombro a hombro, Jason cayo incosciente al suelo...
Gez aparecio con los refuerzos que Jason habia traido, pero era demasiado tarde, Jason estaba cubierto de cadaveres y de una masa de carne y podredumbre...
Te lo dije padre... ellos te traicionarian... ahora solo te queda la muerte...
La voz del Lich resonaba en su cabeza... desgarrando su propia alma
Los mios me esperan, hijo...es una lastima que muera por manos de mis propios hombres... traidores...
-La conversacion mental se mantenia, mientras Gez tomaba el pulso a Jason, no encontraba nada, o almenos eso dijo... Gez no tenia mucho aprecio a Jason, y ordeno quemar los cadaveres.
Te ofrezo una posibilidad de venganza... sirve a mi señor y tendras un poder con el que jamas has llegado... ellos huiran de ti...
Jason comenzaba a dudar, ¿Morir traicionado? Aun estaba vivo cuando Gez lo arrastraba hasta su fosa. Un soldado quitaba apenado la suciedad de su Sargento aun en el campo de batalla...
...Acepto...
La tierra comenzo a temblar, un viento helado surgio de Paramos de poniente, todos los vivos presentes calleron al suelo llevandose las manos a la cabeza, chillando aterrorizados, pensando que ya no habia esperanzas, sus almas eran desgarradas por la voz del Lich, se arrepentirian de dejar morir a Jason cuando tuvieron la oportunidad de salvarle. Las energias oscuras comenzaron a emanar de la Espada Negra, una presencia fantasmagorica aparecio saltando el puente, y recogio a Jason del suelo, y de un salto, volvio al otro lado del derruido puente...
Estaba claro... Stormwind caeria.
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Pedron
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Re: [Azote] Invasión del Reino de Stormwind
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Respuesta #6 :
Febrero 09, 2010, 05:41:55 »
Tracion...
El Traicionado sufre...
El Maestro lo admite...
Tiene potencial...
La Plaga crecera...
El Traicionado matara a aquellos que le han olvidado...
¿Hablanos cadaver, que deseas?
Venganza...
Tracion...
El Traicionado sufre...
El Maestro lo admite...
Tiene potencial...
La Plaga crecera...
El Traicionado matara a aquellos que le han olvidado...
Las voces se repetian en la cabeza de Jason sin parar... tornando a su locura, sus hombres le habian abandonado, el Lich se lo advirtio en la Catedral, la muerte se abalanzaba sobre el... su cuerpo frio e inerte yacia sobre el circulo del ritual, las energias penetraban en su cuerpo, su cuerpo se resquebraja, la muerte es ahora su imagen...
Abre sus ojos, la mirada de la muerte es ahora su mirada, en su cabeza el le da ordenes... el habla por el... le plazca que asi sea...
Se cuerpo se levanta lentamente, palido y frio, su rostro escudriña a los Acolitos que le han levantado, el siente su nuevo poder...
¿Quien es tu señor?
El Rey Lich.
¿A quien sirves?
Al Rey Lich.
¿¡Quien es el Rey de todo!?
El Rey Lich.
¿¡Quien eres ahora!?
Jason Deahforge...
Ahora cuenta... ¿que planes tienen los enemigos del Rey?
Jason comenzo a hablar, su voz era ahora hueca y sombria, su rostro era el de la muerte, el legado se mantiene... Los planes de la Alianza eran revelados a sus enemigos, que asentian complacidos... Jason preguntaba por la Espada Negra... le fue revelado que ella era su objetivo, pero que aun no.
Tenemos a los humanos presos para saciarte... pronto los requeriras... ahora ve, las puertas te seran abiertas y volveras cuando seas llamado.
Jason camino lentamente hacia la salida, los ghouls se hacian a un lado ante la presencia de Jason Deathforge, salio de la mina, todo estaba repleto de no-muertos, la tierra estaba muerta... la Alianza lo estaba haciendo mal... y eso le abrira daños irreparables...
Jason miro hacia Elwynn y rio fuertemente, los estupidos humanos habian perdido a un heroe, pero lucharian a uñas y dientes para recuperar lo que es suyo, y eso a Jason le gustaba, la sensacion de poder era enorme, sus enemigos caerian ante el... y Gez seria el primero en probar la muerte para luego ser alzado como siervo y seria condenado a una no-vida... o mejor dicho, seria bendecido...
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Re: [Azote] Invasión del Reino de Stormwind
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Respuesta #7 :
Febrero 10, 2010, 12:11:16 »
Ve... necesitas recuperar fuerzas, alimentate de la esencia de los prisioneros...
Jason abandono la mina, y la sensacion de la necesidad de ir a Colina del Centinela se cebo en el, ando durante horas hasta llegar, los gritos de desesperacion sonaban a una dulce melodia en sus oidos, llego ante los prisioneros, los ghouls se apartaban ante el Campeon del Azote, que se acerco a un prisionero, le agarro del pelo y lo levanto, observandolo.
Le quito la mordaza y el prisionero pronto arremetio contra el con palabras.
-
¡Demonio traidor, mereces la muerte!
Jason le miro detenidamente, sus ansias de alimentarse de el iban aumentando, se sentia cansado y debil, sin dudarlo, se lanzo al cuello del prisionero y comenzo a devorarlo, los gritos del terror del hicieron que los demas prisioneros apartasen la vista de su amigo, que estaba siendo devorado sin piedad alguna, la sangre se resbalaba por el cuello del prisionero, manchando su cuerpo ya sin vida.
Una vez saciado su apetito, dejo caer al suelo sin nisiquiera mirarlo el cuerpo del prisionero ya sin vida, miro a sus compañeros y sonrio, sus dientes estaban manchandos de sangre, que se escurria por su palida cara, manchando el tabardo de Ventormenta. Jason miro a los demas, sonriente, ellos le miraban aterrorizados y asqueados, un ghoul le recordo su tarea
-
Maestro...aviso...humanos...
-Jason le miro, y volvio a sonreir a los prisioneros.
-
Arrancarle los corazones y las piernas, les llevaremos a Arroyoeste... jeje...
-Los ghoul le miraron, esperando un ejemplo.
Se acerco al siguiente prisionero, y le dio una patada en el pecho para tirarlo, desenvaino su espada, y rajo profundamente el pecho del humano, rompio el externon y agarro el corazon, comenzandolo a sacar lentamente, las venas y arterias se rompieron con facilidad, llenando el suelo de sangre, pronto los ghouls imitaron al Campeon del Azote, los gritos bañaron por igual que la sangre el lugar.
Pronto llegaron al puente derruido que unia Paramos y Elwynn. Jason oteo con su catalejo la zona, habia varios soldados, no eran un impedimento. Los ghouls comenzaron a trepar y ha arrojar los cadaveres hacia el puente, el rostro de los cadaveres estaban ensangrentados, aun con la expresion de terror y manchados de polvo, no tenian piernas y su pecho estaba abierto y sin corazon, el ruido de los cadaveres cae alerto a los soldados que comenzaron a formar y a cargar sus rifles.
-
¡ESTE ES UN REGALO TRAIDORES, DISFRUTADLO!
//Continuara.
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¡Extra, Extra, 10.000 Muertos Vivientes pierden ante 300 defensores de la Luz en La Capilla Esperanza de Luz!
Akran
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Re: [Azote] Invasión del Reino de Stormwind
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Respuesta #8 :
Febrero 12, 2010, 08:44:24 »
// Idme apuntando horarios para el final de la quest. Si es posible hacerlo durante semana, avisad. Tenemos dos grupos generalizados, los voluntarios con el Ejército y los Cruzados. Podéis hablar entre vosotros vía mp o msn, y comentar aquí lo acordado. No spammeéis en este hilo.
Se valdrá hacer una quest primero y otra después jugando con la línea temporal si eso nos quita la presión de controlar a dos raid al mismo tiempo. Mañana, el post On-Rol del último acto.
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Mia
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Re: [Azote] Invasión del Reino de Stormwind
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Respuesta #9 :
Febrero 12, 2010, 08:59:37 »
// sabado mejor dia
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Led
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Re: [Azote] Invasión del Reino de Stormwind
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Respuesta #10 :
Febrero 12, 2010, 09:10:19 »
// Trataré de adaptarme al horario... aunque creo que los dias de semana sería más probable, los fines de semana hay veces que desaparezco.
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Dirión
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Re: [Azote] Invasión del Reino de Stormwind
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Respuesta #11 :
Febrero 12, 2010, 09:14:19 »
//yo posiblemente este sabado noche no creo que puede (salvo caso excepcional) por mi este domingo tarde noche, por cierto me ire este lunes y hasta el vienes no volvere, asique yo entre semana imposible
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Akran
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Re: [Azote] Invasión del Reino de Stormwind
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Respuesta #12 :
Febrero 13, 2010, 01:23:05 »
// ¿Algún problema para el Sábado por la media-tarde tarde, a eso de las 5? Que postee quien tiene problema, el resto que mande un pm o borre su post anterior y escriba.
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Darion Mograine
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Re: [Azote] Invasión del Reino de Stormwind
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Respuesta #13 :
Febrero 13, 2010, 04:20:18 »
Cita de: Akran en Febrero 13, 2010, 01:23:05
// ¿Algún problema para el Sábado por la media-tarde tarde, a eso de las 5? Que postee quien tiene problema, el resto que mande un pm o borre su post anterior y escriba.
// Sweet.
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Akran
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Re: [Azote] Invasión del Reino de Stormwind
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Respuesta #14 :
Febrero 13, 2010, 11:43:33 »
// Vale, ahora es cuando rectifico y os digo que es el próximo sábado, este no estaré, y a no ser que dos gm se ofrezcan a echar un cable...
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